Por Hatem Dasuky. Periodista, exdiplomático.
El vertiginoso ritmo de las noticias que produce Colombia últimamente es delirante. Nos acostamos con un titular y amanecemos con otro más escandaloso. Los acontecimientos cambian y se mueven tan rápido que producen vértigo, pero además náuseas.
Asistimos a un caos informativo donde ningún hecho escandaloso alcanza a asentarse antes de que otro, aún más grave, irrumpa abruptamente. Vivimos en un “Última hora” permanente. Los escándalos del gobierno Petro pasan más rápido que la capacidad de procesarlos. No alcanzamos ni a indignarnos.
Los colombianos estamos perdiendo capacidad de dimensionar la gravedad de lo que ocurre, porque antes de procesar un hecho, ya está ocurriendo otro igual o peor. Es una forma de desgaste, pero también de anestesia.
En cuestión de horas, pasamos de las escandalosas revelaciones de Noticias Caracol que dan cuenta del contubernio de las “disidencias” de las FARC con algunos mandos del Ejército y la Dirección Nacional de Inteligencia y de la supuesta financiación de la guerrilla a la campaña de Petro, hasta las andanzas de Verónica Alcocer en Suecia. Pero en el entre tanto pasan otras noticias, no menos graves, casi desapercibidas.
El gobierno de Petro funciona como una fábrica de escándalos. El discurso oficial intenta disfrazar cada crisis como complot, persecución, operación mediática o “golpe blando”. Pero ya no convence. La magnitud, la frecuencia y la profundidad de los escándalos superan cualquier narrativa. Este no es un gobierno asediado. Es un gobierno superado por su propia incapacidad.
Aquí no hay conspiración hay una corrupción enquistada desde la Casa de Nariño que se irradia en casi todos los ministerios y entidades del Estado, hay decisiones erradas, hay negligencia, hay improvisación y hay funcionarios sin idoneidad manejando instituciones críticas.
No podemos normalizar los inaceptable, un país que se acostumbra al escándalo permanente deja de distinguir lo grave de lo gravísimo.
Con esta montaña rusa de noticias que produce Colombia, es muy probable que esta columna pierda vigencia cuando sea publicada, lo importante es contener las náuseas.