La pobre viejecita… versión Alcocer

Por: Eliana Úsuga

Rafael Pombo jamás imaginó que su “pobre viejecita” tendría una heredera espiritual en pleno 2025… y menos una instalada en Estocolmo con una chaqueta de siete millones de pesos. Una miseria, diría la viejecita original. Un abrigo “muy sencillito”, diría Verónica Alcocer.

En la fábula de Pombo, la protagonista “no tenía nadita que comer” mientras vivía rodeada de cofres, joyas y dádivas. Nuestra versión moderna tampoco tiene nada que comer… salvo los platos en restaurantes exclusivos, entre vitrinas donde un botón vale lo que para el colombiano promedio significa “tres meses de ahorro disciplinado”.

Y así, entre tiendas de lujo y cenas con el jet set sueco, Alcocer protagoniza un cuento aún más fascinante que el de Pombo: uno en el que como primera dama recorre el mundo representado al país en múltiples ocasiones. Pero llegó la parte dramática del cuento: explota la noticia sobre la lista Clinton, y entonces —como si Pombo mismo escribiera el guion— Alcocer anuncia que ella y Petro llevan tiempo separados.

Y para cerrar con broche de oro, aparece el presidente Petro diciendo que “pobrecita” Verónica, que no ha podido ver a sus hijas. Pobrecita, sí: atrapada en Estocolmo, rodeada de boutiques, cenas privadas, eventos exclusivos y abrigos de siete millones. Un sufrimiento que conmueve… pero solo a quienes nunca han leído el cuento original.

La pregunta que Pombo nunca tuvo que plantearse —pero que hoy nos cae encima como nieve sobre Estocolmo— es sencilla: ¿Quién financia esta vida? ¿De dónde salen las cenas, los desplazamientos, los eventos, los apartamentos exclusivos, la chaqueta de siete millones y ese nivel de confort que ni los cuentos de hadas se atreven a exponer tan crudamente?

Hay cuentos que uno lee de niño y no imagina que, años después, van a servir para entender la política colombiana. Pero aquí estamos, en pleno 2025, usando a Rafael Pombo para tratar de descifrar el capítulo sueco de Verónica Alcocer. Y sí: “La pobre viejecita” nunca había sonado tan actual. Porque una cosa es cierta y es que Pombo escribía ficción, en cambio, lo de hoy política real. Y ahí, las fábulas siempre terminan costándonos a todos.