María Fernanda Cabal: la líder que siembra esperanza y transforma vidas en el camino hacia 2026

En un país golpeado por décadas de violencia, desigualdad y desconfianza en la política, pocas figuras han construido una trayectoria tan auténtica, tangible y coherente como María Fernanda Cabal Molina. Empresaria, madre, defensora de víctimas y creadora de uno de los programas sociales rurales más exitosos del país, la precandidata presidencial se posiciona hoy como una mujer que hace, que transforma y que ha convertido la compasión en un proyecto de liderazgo para toda Colombia.

Nacida en Cali en 1966, Cabal creció en un hogar donde la responsabilidad social era un valor innegociable. Pero sus aprendizajes no ocurrieron en los pasillos del poder, sino en las veredas, al lado de campesinos desplazados, madres cabeza de hogar y ganaderos afectados por el conflicto. De ese contacto directo con las heridas reales del país surgió su convicción más profunda: la necesidad de trabajar por quienes han sido olvidados por el Estado.

Antes de llegar al Congreso, fue empresaria y fundadora de Student Travel Center, agencia que permitió que miles de jóvenes colombianos accedieran a experiencias académicas en el exterior. Como madre de cuatro hijos, reconoce los retos de construir desde cero y de mantener principios firmes en tiempos de crisis.

“Una Vaca por la Paz”: el programa que cambió miles de vidas

Su mayor legado social nació en 2010 desde la Fundación Colombia Ganadera (FUNDAGÁN): “Una Vaca por la Paz”, un proyecto visionario que convirtió un animal en un símbolo de dignidad, progreso y esperanza.

El programa entrega a familias vulnerables —víctimas del conflicto, mujeres cabeza de hogar y damnificados por desastres naturales— una vaca preñada. La familia recibe leche, alimento y la posibilidad de mejorar sus ingresos. A cambio, debe entregar la primera cría a otra familia necesitada, creando así una cadena de solidaridad que hoy suma:

  • Más de 6.000 familias beneficiadas directamente
  • Más de 18.000 personas impactadas
  • Asistencia técnica permanente
  • Red de veterinarios de emergencia
  • Capacitación en buenas prácticas ganaderas
  • Acceso a bibliotecas y herramientas digitales

No es asistencialismo: es un modelo de desarrollo rural integral, sostenible y humano.

Su entrada en la política estuvo motivada por un hecho doloroso: el asesinato de los líderes Manuel Moya y Graciano Blandón, a quienes acompañaba en su lucha por la restitución de tierras en el Chocó. Ese acontecimiento la llevó a asumir una causa que marcó su vida: defender a las víctimas reales del terrorismo y la violencia.

En el Congreso se convirtió en una voz firme y sin titubeos. Se opuso al acuerdo con las FARC por considerarlo injusto con las víctimas, defendió a la Fuerza Pública, denunció los abusos del narcotráfico y promovió proyectos en favor del campo, la mujer rural y la reconstrucción económica desde las regiones.

En tiempos donde la política parece un escenario de discursos vacíos, Cabal ha construido su liderazgo en hechos verificables: vacas entregadas, familias transformadas, tierras restituidas, mujeres empoderadas, víctimas acompañadas y miles de kilómetros recorridos en regiones que muchos líderes solo visitan en campaña.

Su propuesta presidencial combina:

  • Seguridad con autoridad y humanidad
  • Justicia sin impunidad
  • Amor por el campo y productividad rural
  • Educación transformadora
  • Respeto a la familia y fortalecimiento de la institucionalidad

¿Por qué María Fernanda Cabal se proyecta como presidenta en 2026?

Porque combina firmeza con compasión.
Porque habla con claridad, pero actúa con hechos.
Porque representa a miles de ciudadanos que sienten que el país perdió el rumbo moral y necesita recuperar la confianza.
Porque no llega para improvisar: llega con un historial probado de servicio y resultados.

Cabal no busca el poder por ambición personal. Su propósito —como ella misma ha dicho— es devolverles el poder a quienes lo han perdido: a los campesinos, a las víctimas, a las mujeres que sostienen hogares, a los emprendedores que luchan solos, a las familias que aún creen en un país posible.

En la carrera hacia 2026, emerge como una figura que no solo promete cambiar a Colombia, sino que ya comenzó a hacerlo hace más de una década, una vaca, una familia y una esperanza a la vez.