El presidente de Bielorrusia, Alexandr Lukashenko, confirmó que su país estaría dispuesto a recibir al dictador venezolano Nicolás Maduro en caso de que decida salir de Venezuela, en una declaración que refuerza el respaldo entre regímenes autoritarios cada vez más aislados de la comunidad internacional. Aunque negó que existan negociaciones formales, el mensaje fue claro: Bielorrusia le abre las puertas al chavismo si el poder se le vuelve insostenible en Caracas.
Las declaraciones fueron difundidas por los medios estatales BELTA y Newsmax TV, tras recientes contactos de Lukashenko con John Cole, emisario de la Casa Blanca, en medio del endurecimiento de sanciones y la presión internacional contra gobiernos señalados por violaciones a los derechos humanos.
“Maduro nunca fue nuestro enemigo. Si decide venir a Bielorrusia, nuestras puertas están abiertas”, afirmó Lukashenko, quien gobierna con mano de hierro desde hace más de dos décadas. Sin embargo, intentó matizar sus palabras señalando que “este tema nunca se ha discutido formalmente”, descartando —al menos públicamente— la existencia de un acuerdo de exilio previamente pactado.
Lejos de cuestionar la grave crisis humanitaria, el colapso institucional o la persecución política que caracterizan al régimen venezolano, Lukashenko elogió abiertamente a Maduro, a quien describió como un “tipo duro”, “chavista” y “corajudo”, comparándolo con Hugo Chávez. Para el mandatario bielorruso, el dictador venezolano sería “un hombre sensato con el que se puede hablar”, una afirmación que contrasta con los señalamientos de organismos internacionales sobre represión, fraude electoral y censura en Venezuela.
En medios bielorrusos han circulado versiones sobre un posible asilo político para Maduro, alimentadas por la afinidad ideológica entre ambos gobiernos. No obstante, Lukashenko insistió en que nunca ha hablado directamente con el dictador venezolano sobre una eventual salida del país, y aseguró que el tema se ha tratado más con funcionarios estadounidenses que con Caracas.
Lukashenko también salió en defensa del dictador venezolano frente a las acusaciones de narcotráfico formuladas por Estados Unidos, que incluyen procesos judiciales abiertos y recompensas por su captura. El mandatario bielorruso desestimó los señalamientos y aseguró que no existen pruebas suficientes. “Los estadounidenses no tienen pruebas de eso, y yo tampoco”, dijo, alineándose con la narrativa del régimen chavista.
En sus declaraciones, relativizó el problema del narcotráfico, afirmando que se trata de una realidad global que no puede combatirse con misiles, sin referirse al papel que distintas investigaciones atribuyen a estructuras del poder venezolano en redes criminales transnacionales.
En el plano internacional, Lukashenko cuestionó la decisión de Estados Unidos de no reconocer los procesos electorales en Venezuela y lanzó una advertencia sobre una eventual intervención militar. Según el líder bielorruso, una acción de ese tipo provocaría un cierre de filas en torno a Maduro, reforzando su control interno.
Las declaraciones vuelven a poner en evidencia el respaldo mutuo entre dictadores, en un momento en el que Nicolás Maduro enfrenta un creciente aislamiento diplomático, sanciones económicas y un rechazo sostenido de amplios sectores de la sociedad venezolana. Bielorrusia, otro régimen autoritario señalado por represión y fraude electoral, emerge así como un posible refugio político para un dictador que ve cada vez más estrecho su margen de maniobra.