Por: Eliana Úsuga
La decisión del gobierno de Gustavo Petro de quitarle el apoyo a Colfuturo es un golpe directo a miles de jóvenes que han entendido la educación como el camino más serio para salir adelante y aportar al país.
Petro ha dicho que Colfuturo solo beneficia a personas de estratos altos, de Bogotá y Medellín, y que apenas entrega unas 3.000 becas al año. Pero esa afirmación ignora lo esencial. En los últimos 20 años, Colfuturo ha permitido que 16.800 colombianos estudien maestrías y doctorados en algunas de las mejores universidades del mundo.
Para muchos beneficiarios, Colfuturo fue el único puente posible. Personas sin fortunas, sin contactos, que con esfuerzo y mérito lograron una oportunidad que transformó su vida, la de su familia y, en muchos casos, la de sus comunidades. Hay quienes regresaron al país a enseñar, investigar, emprender o fortalecer el sector público y privado.
En la práctica, esto significa que estudiar afuera volverá a ser un privilegio reservado solo para quienes puedan pagarlo todo de su bolsillo. Justo lo contrario de lo que se supone que este gobierno dice defender.
El “regalo de Navidad” de este Gobierno fue cerrar oportunidades a jóvenes “echados para adelante” que no piden subsidios eternos, sino respaldo para formarse y volver a servirle al país. Para este gobierno esforzarse, prepararse y competir a nivel global ya no es prioridad. Justamente quien habla de educación como bandera termina debilitando uno de los programas más exitosos para formar talento colombiano en el exterior.
Es claro que a este gobierno no le conviene una ciudadanía crítica, formada y con pensamiento propio. A Petro no le conviene que los jóvenes estudien, se preparen y conozcan el mundo, porque una sociedad educada cuestiona, compara y no traga entero. Cuando la gente se forma, el discurso simplista pierde fuerza y las puertas al socialismo se le empiezan a cerrar. Por eso se castiga el mérito, se desconfía de la excelencia y se desmontan programas que promueven autonomía y movilidad social real.