Por favor Uribe, ganemos en primera con Abelardo

Por: Pablo Bustamante Builes

Estudiando las últimas encuestas, muestran algo evidente: cuando se suman las fuerzas de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, la izquierda encabezada por Iván Cepeda pierde en primera vuelta.

Distintas mediciones incluso muestran que ambos candidatos, por separado, no tendrían tantas posibilidades reales de derrotarlo en segunda vuelta.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿vale la pena llegar divididos a una segunda vuelta cuando Colombia podría resolver esta elección desde la primera?

Aquí no se trata de egos políticos, ni de cálculos personales, ni de quién aparece primero en la foto. Se trata de preservar la democracia, la institucionalidad y evitar que el país profundice un modelo de izquierda que muchos colombianos consideramos dañino para la seguridad, la economía y la confianza, incluso para la democracia misma.

Además, una segunda vuelta presidencial no es barata. Organizarla le cuesta al país cientos de miles de millones de pesos entre logística electoral, seguridad, transporte, jurados, tecnología y operación institucional. Recursos que perfectamente podrían destinarse a subsidios de vivienda para miles de familias pobres, becas internacionales, vías nacionales, acueductos rurales, infraestructura social real o hasta para las propias megacárceles.

Mientras millones de colombianos sobreviven con dificultades, la política insiste muchas veces en extender disputas de vanidad que podrían resolverse con grandeza y sentido histórico.
Por eso esta columna es también un mensaje respetuoso para Álvaro Uribe Vélez.
Presidente Uribe: Colombia no necesita repetir errores del pasado. El país ya vivió las consecuencias de decisiones políticas equivocadas, desde la elección de Juan Manuel Santos hasta la decepción que muchos sectores sintieron con Iván Duque Márquez. En parte, la izquierda también llegó al poder debido a esos errores, divisiones y malas lecturas.
Hoy el momento exige algo distinto: unir a las personas de bien alrededor de una candidatura independiente, sólida y viable.
Y jurídicamente, eso es perfectamente posible. En Colombia, antes de ciertas etapas definitivas del calendario electoral, un candidato puede desistir de su aspiración y adherir públicamente a otro proyecto político, siempre que se cumplan los procedimientos establecidos por la organización electoral y los partidos o movimientos que avalan la candidatura.
La política también exige sacrificios inteligentes.
A veces la verdadera grandeza no está en insistir hasta el final, sino en entender el momento histórico y actuar pensando en el país antes que en el protagonismo personal.
Porque si el objetivo común es derrotar democráticamente a la izquierda y recuperar el rumbo de Colombia, entonces la pregunta ya no es quién quiere ser presidente. La pregunta es: Quién está dispuesto a hacer lo necesario para salvar al país?