¿Y todavía nos preguntamos por qué la gente no cree en la política?

Opinión por: Eliana Úsuga

Votar es, un acto de fe. La gente deposita la esperanza, la confianza, en una persona que dice representar sus intereses, su voz. Pero una y otra vez, la realidad abofetea a los ciudadanos.

El caso de corrupción del expresidente del senado Iván Name, del Partido Alianza Verde, quien fue elegido con 39.759 votos y del expresidente de la Cámara, Andrés Calle, del Partido Liberal, quien sacó nada menos que 72.260 votos en Córdoba, Es ofensivo. Es una burla a los que votaron por ellos que hoy se sienten traicionados. Porque estos personajes no llegaron a servir al pueblo: llegaron a servirse del Estado a disfrazarse de salvadores mientras se acomodaban en la burocracia y recibían plata a cambio del futuro de los colombianos.

Iván Name que perteneció a un movimiento político que se hacía llamar “decentes” y Andrés Calle un liberal petrista que en su campaña vendió “el gobierno del cambio” están en la cárcel sindicados de haberse embolsillado la plata de los carrotanques para llevar agua a la Guajira.

Como ellos, son muchos los políticos que se disfrazan de salvadores, de héroes del pueblo, pero son lobos disfrazados, arpías políticas que usan las necesidades de la gente como escalera para sus propios intereses. Compran votos con una teja, con un tamal, con una promesa de empleo, ¡No les interesa acabar la pobreza porque viven de ella! Mantienen a la gente en la miseria para poder usarla, para convertir su hambre en votos y poder subir a robar. No solucionan nada.

¡Son expertos en fingir humanidad mientras se reparten el país como botín! Son actores que envuelven a la gente con discursos populistas y promesas de cambio, cuando en realidad lo único que buscan es una silla cómoda desde la cual mamar de la teta del Estado. Son arpías con piel de cordero, expertos en el engaño, que saben jugar con la ilusión de los ciudadanos.

A quienes votaron por ellos, solo les queda la decepción, el sinsabor amargo de la traición. La corrupción en Colombia es una enfermedad que ha hecho metástasis. ¡La lista es interminable y sigue creciendo! ¿Acaso ya olvidamos a Musa Besaile, el “Ñoño” Elías, Samuel Moreno, y qué tal Daniel Quintero? todos vendieron esperanza y entregaron ruina.

Pero no, no todos son iguales. También hay políticos honestos. Escasos, sí, contados con los dedos de una mano, pero los hay. Gente que se levanta cada día con ganas de hacer las cosas bien, que no se vende, que no se arrodilla, que lucha contra la marea.

El país ha sufrido demasiadas decepciones. Y cada una deja una cicatriz profunda en la confianza ciudadana. Pero tal vez lo más grave no es la corrupción en sí, sino que nos estamos acostumbrando, y esa indiferencia es más peligrosa que cualquier escándalo.

Necesitamos políticos que nos miren a los ojos y no al bolsillo. Líderes que respeten la dignidad del pueblo. Pero, sobre todo, necesitamos ciudadanos que recuerden, que exijan, que no se vendan ni por una bolsa de cemento, ni por un billete, ni por un tamal.