El Valle de Aburrá entra en uno de los periodos más críticos del año en materia de calidad del aire. Entre el 23 de febrero y el 21 de marzo existe probabilidad de que se registren condiciones desfavorables, según proyecciones del Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (SIATA).
Históricamente, entre febrero y abril —y nuevamente entre octubre y noviembre— aumentan las concentraciones de contaminantes atmosféricos en la región. Las causas: emisiones del transporte e industria, condiciones meteorológicas que dificultan la dispersión de partículas y el ingreso de masas de aire contaminadas por incendios forestales fuera del territorio metropolitano.
La directora del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, Paula Andrea Palacio Salazar, hizo un llamado directo a la ciudadanía y a los sectores productivos a actuar de forma preventiva. “Es fundamental estar atentos a los canales oficiales para conocer si las condiciones cambian y si se hace necesario tomar medidas”, advirtió.
La red de monitoreo opera 24/7 y sus reportes están disponibles en tiempo real en el geoportal del SIATA, herramienta que sustenta cualquier decisión técnica. Las autoridades dejaron claro que eventuales medidas restrictivas dependerán exclusivamente del comportamiento real de las concentraciones contaminantes.
Aunque en 2025 no fue necesario declarar nivel de prevención ni aplicar restricciones como el pico y placa ambiental, la entidad insistió en que la clave está en anticiparse. Por eso invitó a implementar acciones voluntarias inmediatas: escalonar horarios laborales, fomentar el teletrabajo, reducir el uso del vehículo particular, fortalecer los Planes de Movilidad Empresarial Sostenible y promover jornadas virtuales en universidades.
El mensaje es contundente: la calidad del aire no se controla solo con restricciones, sino con decisiones responsables desde ahora. Empresas, instituciones y ciudadanos tienen en sus manos la posibilidad de evitar que el Valle de Aburrá vuelva a enfrentar un episodio crítico.