Por: Eliana Úsuga
La política, como la democracia, tiene ciclos. Y este que se abre en el Congreso de la República es particularmente significativo: tres de las senadoras más influyentes del Centro Democrático—Paola Holguín, María Fernanda Cabal y Paloma Valencia—dejarán sus curules en el 2026.
Durante años, estas congresistas representaron un estilo de trabajo disciplinado, con identidad ideológica clara y con una capacidad de incidencia poco común en un escenario político marcado por la volatilidad. No eran simplemente voces de oposición; eran referentes dentro del debate nacional.
Hay otro elemento que no se puede ignorar: las tres dejan el Senado para competir por la candidatura a la Presidencia. En un país donde históricamente la política ha sido un terreno masculinizado, que un mismo partido proyecte simultáneamente a tres mujeres con peso, estructura, recorrido y opción real de poder es un fenómeno poco común —y, sin duda, valioso para la democracia.
María Fernanda Cabal deja una gestión legislativa sólida. Impulsó iniciativas de alto impacto como el Proyecto de Ley 212 de 2025, que busca dar seguridad jurídica a campesinos “segundos ocupantes”, y el Proyecto 213 de 2025, que propone ajustar tiempos y reglas de la JEP para garantizar mayor claridad y debido proceso. También promovió proyectos culturales —como declarar la Feria de Cali y la salsa caleña Patrimonio de la Nación— y el sello “Compra lo Nuestro” para fortalecer la economía local.
Varias de sus iniciativas ya son Ley, entre ellas la Ley 2128 de 2021 sobre uso social del gas combustible y la Ley 1979 de 2019, que dignifica a los veteranos de la Fuerza Pública.
Su labor más contundente está en el control político: cientos de derechos de petición, tutelas, debates y acciones judiciales que se convirtieron en un contrapeso constante al Gobierno y en una vigilancia estricta del gasto público. Su salida deja un espacio de escrutinio institucional que no será fácil de reemplazar.
Paola Holguín ha sido una de las voces más sólidas en temas de seguridad y relaciones internacionales. Su rigurosidad técnica, su defensa del orden y su constancia legislativa la convirtieron en referencia obligada cuando se discutían reformas de alto impacto nacional.
Paloma Valencia, por su parte, ofreció un enfoque más analítico y jurídico, especialmente visible en debates de justicia, institucionalidad y reformas económicas. Su capacidad para traducir asuntos complejos en discusiones accesibles le dio prestigio incluso entre sus contradictores
La salida de estas tres senadoras es un golpe al estándar de trabajo legislativo y de control político que habían consolidado. El Centro Democrático deberá renovar liderazgos sin perder la disciplina ni la claridad de propósito que ellas representan.
Queda ahora en manos de los congresistas que llegan la responsabilidad de igualar —y ojalá superar— el nivel que ellas dejaron. Si lo logran, no solo ganará el partido: ganará el país.