En medio del debate político previo a las elecciones presidenciales de 2026, el abogado y precandidato presidencial Abelardo de la Espriella decidió enfrentar de manera directa los señalamientos que han resurgido sobre su antigua relación profesional con David Murcia Guzmán, fundador de DMG.
En entrevista con la revista Revista Bocas, revelada y difundida por Pulzo, el jurista entregó una versión detallada de lo ocurrido hace más de 18 años, dejando claro que su retiro de la defensa obedeció a una ruptura de confianza profesional tras descubrir inconsistencias en la información contable suministrada por su entonces cliente.
Según explicó, al asumir la representación jurídica recibió una contabilidad que posteriormente resultó no coincidir con la presentada en etapas procesales posteriores. Esa contradicción —asegura— fue determinante para apartarse del caso. Para el abogado, la defensa penal exige absoluta transparencia del cliente, y cuando esa condición se pierde, la única salida ética es renunciar.
Una defensa basada en principios
De la Espriella ha sido enfático en que su actuación se enmarcó dentro de los parámetros legales y deontológicos. Recordó que los abogados no son responsables de los actos de sus clientes, sino de garantizar que estos tengan representación dentro del debido proceso. En ese sentido, su participación en el caso DMG se limitó al ejercicio técnico de la defensa, como ocurre en cualquier sistema judicial democrático.
Frente a las acusaciones recientes sobre supuestos pagos indebidos o influencias políticas, el precandidato cuestionó el momento en que estas versiones reaparecen. Subrayó que durante casi dos décadas no existieron denuncias formales que prosperaran en su contra por estos hechos, y sugirió que la reactivación mediática coincide con su creciente protagonismo político.
Para el jurista, el debate debe centrarse en propuestas y no en episodios cerrados judicialmente hace años. Ha insistido en que nunca fue condenado ni sancionado disciplinariamente por su actuación en ese proceso y que su trayectoria profesional, marcada por casos de alto perfil, ha estado respaldada por decisiones judiciales que no encontraron irregularidades en su conducta.
Contexto político y lectura pública
El resurgimiento del caso ocurre en un momento clave para la carrera presidencial de 2026. De la Espriella ha venido posicionándose como una figura de discurso fuerte en temas de seguridad, institucionalidad y lucha contra la corrupción, lo que lo ha convertido en un actor visible dentro del panorama nacional.
Analistas coinciden en que cuando un candidato gana visibilidad, también aumenta el escrutinio sobre su pasado profesional. Sin embargo, en este caso, el abogado sostiene que su actuación fue transparente y que su retiro del caso demostró precisamente una postura ética frente a la falta de información veraz.
Mientras continúan las declaraciones cruzadas, el debate público gira ahora en torno a si estas acusaciones tendrán impacto real en la contienda electoral o si, por el contrario, terminarán fortaleciendo la narrativa del precandidato de que enfrenta ataques políticos en medio de su ascenso.
Por ahora, De la Espriella ha optado por mantener su postura: afirma que no tiene nada que ocultar y que su conciencia profesional está tranquila. El escenario electoral definirá si esta controversia pesa en la decisión de los votantes o si queda como un episodio más dentro del intenso clima político colombiano.