Desde Cali, ciudad golpeada en las últimas horas por al menos 24 ataques violentos, el presidente Gustavo Petro dirigió una alocución cargada de mensajes políticos, reproches a sus críticos y una clara advertencia sobre lo que, según él, vendrá si la institucionalidad intenta bloquear su iniciativa: “Si nos hunden, todo lo que sigue son ocho millones de firmas”.
La frase no fue menor. En medio de un ambiente enrarecido por la creciente violencia y con las tensiones entre el Ejecutivo, el Congreso y la Corte en su punto más alto, Petro volvió a posicionarse como un líder que desafía al sistema desde dentro. Su discurso, lejos de buscar consensos, se enfocó en denunciar la resistencia de otros poderes a su propuesta y legitimar la consulta como expresión directa del pueblo.
En relación con la crisis de seguridad, el presidente aseguró que “Cali fue atacada el día de ayer en cerca de 24 hechos, más los que se lograron detener por la fuerza pública”, una situación que, según él, refuerza la necesidad de avanzar con la participación ciudadana como salida a la crisis.
También se refirió al intento de asesinato contra el senador Miguel Uribe Turbay y sugirió que detrás podrían estar los mismos actores que, según ha denunciado, planean un atentado en su contra. A quienes lo han vinculado a ese hecho les respondió con firmeza: “Tengo que decirles que no”.
Petro defendió el decreto de la consulta ante quienes lo tildan de inconstitucional o anuncian demandas contra los ministros que lo firmaron. “Tendrían que poner presos a un presidente y a unos funcionarios que lo único que han hecho es pedir que el pueblo se exprese”, dijo, ignorando los procedimientos legales establecidos para ese tipo de mecanismos.
Aunque aseguró que respetará el resultado de la consulta y que será la Corte Constitucional quien defina su viabilidad, sus palabras finales dejaron una sensación de presión más que de respeto institucional: “Si nos hunden, todo lo que sigue son ocho millones de firmas”.
Con esta alocución, el presidente no solo oficializó un mecanismo de participación directa, sino que elevó la tensión con los otros poderes del Estado. En vez de buscar puentes, eligió el camino del pulso político, apostando todo a la calle y dejando la sensación de que, más que una consulta, lo que está en juego es una prueba de fuerza.