El aumento del salario mínimo para 2026 volvió a encender el debate económico en el país. Aunque la medida busca mejorar el ingreso de millones de trabajadores, bancos de inversión, exfuncionarios y líderes políticos advierten que sus efectos podrían sentirse con fuerza en la inflación, el empleo, las cuentas fiscales e incluso en el bolsillo de los hogares.
Un informe de JP Morgan señala que el salario mínimo no solo define el ingreso de los trabajadores formales, sino que funciona como referencia para contratos, tarifas, sanciones, aportes, copagos y transferencias oficiales. Por eso, su ajuste tiene un impacto que se extiende a múltiples precios regulados y a la economía en general.
“El aumento decretado activa mecanismos de indexación que amplifican sus efectos sobre la inflación, la política monetaria, las cuentas fiscales y, potencialmente, la tasa de cambio”, advierte el documento, que llama a monitorear con atención estos efectos durante 2026.
En materia de inflación, el reporte subraya que servicios como educación y salud aún presentan aumentos elevados. En ese escenario, el nuevo salario mínimo podría retrasar la convergencia hacia la meta del Banco de la República y prolongar las presiones inflacionarias el próximo año.
Sobre el empleo, JP Morgan no prevé un salto inmediato del desempleo, pero sí un cambio en su composición. El mayor costo laboral podría llevar a más informalidad, especialmente entre micro y pequeñas empresas y en sectores intensivos en mano de obra.
El frente fiscal es otro de los puntos sensibles. Según el informe, buena parte del gasto público está indexada al salario mínimo, lo que implica aumentos automáticos en subsidios y transferencias. En un escenario base, el déficit primario podría crecer entre 0,5 y 0,9 puntos del PIB, incluso con supuestos conservadores de crecimiento económico.
A estas advertencias se sumó el exministro de Hacienda José Antonio Ocampo, quien alertó que el impacto será más fuerte para las micro y pequeñas empresas. Según explicó, el aumento del mínimo incidirá en bienes y servicios indexados y elevará los costos de producción, con posibles efectos sobre la canasta familiar. Ocampo también advirtió que un repunte inflacionario podría obligar al Banco de la República a subir las tasas de interés y aumentar aún más los ya elevados gastos públicos, como pensiones y subsidios.
En el plano político, la senadora María Fernanda Cabal criticó el anuncio del presidente Gustavo Petro y aseguró que este tipo de aumentos nominales, en un contexto de inflación e informalidad, pueden terminar afectando el poder adquisitivo, cerrando empresas y empujando a más personas a la economía informal.
Mientras el Gobierno defiende el aumento como una apuesta por mejorar el ingreso de los trabajadores, el debate económico y político apenas comienza. Analistas coinciden en que el verdadero impacto del nuevo salario mínimo se medirá en 2026, cuando sus efectos se reflejen en los precios, el empleo, las finanzas públicas y las decisiones del Banco de la República.