El precio del gas pegó un salto histórico en febrero de 2025, registrando un aumento del 14,4% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), el más alto desde que se tiene registro. Este incremento superó el récord anterior de marzo del 2000, cuando la variación mensual fue del 12,7%. A pesar de que el gas solo representa el 1% de la canasta familiar, fue el principal responsable del aumento de la inflación en el mes.
Pero el golpe al bolsillo no fue igual en todo el país. En ciudades como Bogotá y Neiva, el precio del gas subió más del 30%, mientras que en Medellín, Cali y Cúcuta el incremento fue menor al 2%. Esta diferencia muestra que los ajustes tarifarios dependen de varios factores regionales.
La razón principal detrás de estos aumentos está en los costos de producción y transporte. En Medellín y Bogotá, la producción de gas se encareció un 43% y 43,9%, respectivamente, explicando el grueso del aumento en las tarifas (68% en Medellín y 88% en Bogotá). En contraste, en Cali, este costo incluso bajó. Además, en Bogotá y Bucaramanga, el costo del transporte subió 58,8% y 33,5%, respectivamente, lo que también influyó en el alza. Otros costos, como la distribución y los cargos fijos, tuvieron un impacto menor en el precio final.
Este incremento no tomó por sorpresa a los expertos. Desde hace meses se advertía sobre el aumento en el costo del gas por el desbalance entre la oferta y la demanda. Las reservas probadas de gas han ido cayendo desde 2011, con excepción de 2021, pasando de una vida útil de 13,9 años a solo 6,1 años en 2023. A esto se suma la baja inversión en exploración de hidrocarburos y la caída en la producción, que en enero de 2025 ya acumulaba 28 meses seguidos con cifras negativas. De hecho, 2024 cerró con una contracción del 9,4% en la producción de gas. Según la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME), la brecha entre lo que se produce y lo que se necesita podría seguir creciendo en los próximos años, lo que genera incertidumbre sobre el abastecimiento futuro del país.