Falleció el Papa Francisco a sus 88 años

El papa Francisco, nacido como Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires, Argentina, falleció a los 88 años tras más de una década al frente de la Iglesia Católica. Primer pontífice latinoamericano y jesuita en asumir el cargo, su papado se caracterizó por una combinación de cercanía pastoral, proyección global y reformas dentro de la estructura eclesiástica.

Elegido en marzo de 2013, Francisco impulsó un enfoque pastoral centrado en los pobres, el diálogo interreligioso y la justicia social. Su estilo, marcado por la sencillez y la sobriedad —eligió vivir en la residencia de Santa Marta en lugar del Palacio Apostólico— reflejó una vocación por acercar la figura del Papa a la gente común.

Desde sus primeros gestos como pontífice, como su visita a Lampedusa para denunciar la crisis migratoria, el Papa mostró una sensibilidad particular frente a los conflictos contemporáneos y las desigualdades sociales. Fue crítico del actual modelo económico global, al que calificó de “depredador y excluyente”, e insistió en la urgencia de proteger el medioambiente, como lo expresó en su encíclica Laudato Si’ (2015). En 2020, profundizó su llamado a la fraternidad universal con Fratelli Tutti.

Francisco también dejó una impronta fuerte dentro de la Iglesia. Promovió una visión más sinodal, inclusiva y participativa, otorgando mayor protagonismo a los laicos y abriendo espacios para la reflexión sobre el rol de las mujeres. También abordó problemáticas internas como los abusos y la transparencia en las finanzas vaticanas, impulsando reformas en la curia y en el proceso de selección episcopal.

Su pontificado, sin embargo, no estuvo exento de tensiones. Las transformaciones que promovió generaron resistencias dentro del Vaticano y entre sectores más conservadores de la Iglesia. También sus posturas frente a temas sociales y económicos despertaron críticas en ciertos círculos políticos y empresariales.

Francisco deja un legado que será evaluado con el paso del tiempo. Su influencia se extendió más allá del ámbito religioso, convirtiéndose en una figura de referencia moral y ética en el escenario internacional. En sus últimos años, continuó con sus esfuerzos por fomentar el diálogo interreligioso, como se evidenció en sus encuentros con líderes de distintas confesiones en Irak, Mongolia e Indonesia.

El camino hacia una Iglesia más abierta y reformada, era de sus principales objetivos.