Chile se prepara para una segunda vuelta presidencial que marcará un punto de inflexión en su historia reciente. El próximo 14 de diciembre, el país elegirá entre dos visiones diametralmente opuestas: la de José Antonio Kast, líder del Partido Republicano y abanderado del orden, la seguridad y los valores tradicionales; y la de Jeannette Jara, representante del Partido Comunista y heredera política del oficialismo de Gabriel Boric.
Mientras Jara encarna la continuidad del modelo progresista que hoy gobierna, Kast representa el cansancio ciudadano con la inseguridad, la inmigración descontrolada y las reformas económicas que, según sus críticos, han debilitado el crecimiento y la confianza en las instituciones.
Abogado de 59 años, católico y padre de nueve hijos, José Antonio Kast ha construido una candidatura sobre tres pilares: orden, libertad y soberanía. Desde su fundación del Partido Republicano en 2019, ha logrado consolidar un movimiento que crece en los sectores medios y populares desencantados con la izquierda.
Kast ha sido enfático en su diagnóstico: “Chile no puede seguir siendo rehén de la delincuencia ni del miedo”. Su discurso conecta con la preocupación generalizada por la seguridad, una de las principales demandas de la ciudadanía. Entre sus propuestas destacan fortalecer el poder de las fuerzas del orden, endurecer las penas a criminales reincidentes y deportar a los inmigrantes irregulares.
“Si no lo hacen voluntariamente, los vamos a buscar para deportarlos”, ha repetido Kast en distintos actos de campaña, dejando claro que su gobierno apostará por recuperar el control territorial y la autoridad del Estado.
El candidato republicano también ha forjado lazos con líderes internacionales de línea conservadora, como el español Santiago Abascal, y ha estudiado modelos de seguridad aplicados en El Salvador y Hungría, países que han logrado reducir la criminalidad mediante políticas firmes.
En el otro extremo se encuentra Jeannette Jara, exministra de Trabajo del gobierno de Boric y militante comunista desde los 14 años. Su trayectoria ha estado ligada al sindicalismo y a las reformas laborales. Aunque ha intentado presentarse como una figura moderada dentro del Partido Comunista, sus vínculos con la izquierda ortodoxa y su cercanía al actual gobierno la convierten en el rostro de la continuidad del proyecto progresista.
Durante su paso por el Ministerio de Trabajo, Jara impulsó la reducción de la jornada laboral y promovió cambios al sistema privado de pensiones, medidas bien recibidas por sectores sindicales pero cuestionadas por empresarios y analistas por su impacto en la productividad y el empleo.
Pese a su discurso de empatía popular, su candidatura enfrenta el desgaste del oficialismo y la desconfianza de un amplio sector que percibe al comunismo como una amenaza para la libertad económica y la propiedad privada.
A diferencia de elecciones anteriores, Kast llega fortalecido por el clima social y político: la sensación de inseguridad, la crisis migratoria y la pérdida de autoridad del Estado son temas que dominan la agenda pública. Su mensaje directo, su defensa de la familia tradicional y su promesa de “poner orden donde hoy hay caos” están conectando con un electorado que busca certezas.
El propio Kast lo ha resumido en sus discursos: “Chile no necesita más ideología, necesita liderazgo, autoridad y respeto por la ley. Nosotros representamos eso”.
Con esta narrativa, el líder republicano se perfila como el favorito de un electorado que aspira a recuperar la estabilidad, el crecimiento y la seguridad que marcaron los mejores años del país.
La contienda con Jeannette Jara no solo será una disputa entre derecha e izquierda, sino entre dos visiones de futuro: la del Chile del esfuerzo, la libertad y el orden, que promueve Kast, frente a la del intervencionismo estatal y el continuismo, que representa la candidata comunista.