En medio de una escena cargada de simbolismo, el profesor Luis Guillermo Patiño sostuvo en sus manos un megáfono. No era un objeto cualquiera. Con él —según recordó— recorría los barrios junto a Federico “Fico” Gutiérrez buscando a los niños que habían abandonado el colegio.
“Con esta era que buscábamos con Fico los niños que no estudiaban”, dijo el educador antioqueño, hoy candidato a la Cámara de Representantes por Antioquia con el número 101.
El gesto no fue casual. Frente a él estaba Abelardo de la Espriella, quien tomó el megáfono, hizo una prueba de sonido y lanzó un mensaje que elevó el tono político del encuentro: llevar la universidad virtual a todos los rincones de Colombia con conectividad, computador incluido y una plataforma avalada por el Ministerio de Educación.
La escena, breve pero potente, unió dos conceptos: recuperación escolar y educación superior accesible. Patiño, con más de treinta años dedicados a la formación académica, exsecretario de Educación de Medellín y uno de los impulsores de estrategias que devolvieron miles de estudiantes a las aulas, apeló a su experiencia para respaldar la iniciativa.
De la Espriella, por su parte, puso cifras sobre la mesa: más de 200 mil jóvenes que no acceden a educación superior por falta de recursos. La propuesta plantea entregarles herramientas tecnológicas y garantizar conectividad para que puedan formarse desde sus hogares e insertarse en el mercado laboral.
No fue solo un anuncio programático. Fue también un mensaje político claro. Patiño cerró con una frase de campaña: “Firmes con el tigre, firmes por la educación, firmes por Colombia”. Y De la Espriella remató declarando su respaldo a la lista Creemos de Fico.
El trasfondo político
Luis Guillermo Patiño no es un recién llegado al debate educativo. Licenciado en Ciencias Sociales, especialista en Cultura Política y Derechos Humanos, magíster en Estudios Políticos y doctor en Filosofía, ha ocupado cargos como docente, investigador, director académico y secretario de Educación de Medellín. Bajo su liderazgo, la ciudad fue posicionada ante la UNESCO como Ciudad del Aprendizaje.
Su apuesta política parte de una convicción: la educación es la mejor política social y de seguridad. Ahora, desde su aspiración al Congreso, busca convertir esa experiencia local en una propuesta legislativa nacional.
La aparición conjunta con Abelardo de la Espriella muestra una articulación que trasciende el discurso y apunta a una bandera concreta: educación como eje de movilidad social, pero con un componente tecnológico que responde a la brecha digital.
¿Qué hay en juego?
En un país donde la deserción escolar y la falta de acceso a la educación superior siguen siendo uno de los grandes desafíos, la escena del megáfono funciona como metáfora política: antes se buscaba al estudiante casa por casa; ahora la apuesta es que la universidad llegue directamente a su hogar.
Más allá de la anécdota, el mensaje es estratégico. Educación, conectividad y empleo juvenil se convierten en el triángulo discursivo de una propuesta que intenta conectar experiencia de gestión con promesa de transformación nacional.
La pregunta que queda en el aire es si esta iniciativa logrará consolidarse como una de las banderas centrales de la campaña o si será apenas una escena simbólica en medio del debate electoral.