La victoria de José Antonio Kast abre una nueva era política en Chile

Chile inicia un nuevo ciclo político tras la contundente victoria de José Antonio Kast en la segunda vuelta presidencial. El candidato de derecha se impuso con el 58,1 % de los votos, frente al 41,8 % obtenido por la aspirante del oficialismo y la izquierda radical, Jeannette Jara, consolidando un giro significativo en el mapa político del país.

La rapidez y transparencia del proceso electoral marcaron la jornada. Apenas dos horas después del cierre de las urnas, las pantallas de todo el país mostraban al presidente electo, José Antonio Kast, y al presidente en ejercicio, Gabriel Boric, dialogando telefónicamente, en una imagen que fue interpretada como una señal de solidez institucional y madurez democrática.

Kast logró imponerse gracias a un discurso centrado en la seguridad ciudadana, el combate frontal a la criminalidad y la promesa de “mano dura” frente al delito, un mensaje que conectó con un amplio sector del electorado en un contexto de creciente preocupación por el orden público.

El resultado no solo representa una derrota para el oficialismo, sino que también marca el fin de un ciclo de predominio de la izquierda en el Ejecutivo y el inicio de una agenda de marcado perfil liberal en lo económico.

Tras su triunfo, Kast se prepara para implementar un programa económico orientado a reactivar la inversión privada, recuperar la confianza y retomar una senda de crecimiento sostenido. Su plan contempla rebajas fiscales, un profundo ajuste del gasto público y el fortalecimiento del sistema de capitalización individual.

En materia tributaria, el presidente electo propone reducir los tramos del Impuesto sobre la Renta y rebajar el tipo marginal máximo del 40 % al 35 %, además de simplificar deducciones y exenciones para mejorar la transparencia. En el ámbito empresarial, plantea disminuir el impuesto de sociedades del 27 % al 20 %, alineándolo con economías más competitivas de la OCDE. El programa descarta de forma explícita impuestos al patrimonio o a la riqueza.

El núcleo del plan es un ajuste del gasto público estimado entre 4 y 6 puntos del PIB durante el mandato, con especial énfasis en los primeros años de gobierno. Entre las medidas anunciadas figuran la eliminación o fusión de ministerios y agencias creadas recientemente, la supresión de programas considerados de baja eficacia, la congelación de nuevas contrataciones en el sector público y una auditoría integral de subsidios y empresas estatales. El objetivo es alcanzar el equilibrio fiscal estructural sin subir impuestos y contener el crecimiento de la deuda.

En el ámbito previsional, Kast ha reiterado que no impulsará un sistema de reparto ni limitará el rol de las administradoras de fondos de pensiones. Su propuesta apunta a blindar jurídicamente la propiedad individual de los ahorros, reforzar el modelo de capitalización, aumentar la competencia entre fondos e incentivar el ahorro voluntario mediante beneficios fiscales. La cotización adicional, según su plan, iría íntegramente a cuentas individuales, sin componentes solidarios.

Otro eje central del programa es una desregulación profunda en sectores estratégicos como minería, energía, infraestructura y vivienda. Kast propone plazos máximos para permisos ambientales, silencio administrativo positivo, revisión integral de normativas, cláusulas de caducidad regulatoria y una fuerte simplificación de trámites mediante digitalización y ventanillas únicas.

El presidente electo confía en que esta combinación de ajuste fiscal, rebaja de impuestos y desregulación permita a Chile recuperar tasas de crecimiento cercanas o superiores al 4 % anual en el mediano plazo, tras varios años de estancamiento.

Con este programa, José Antonio Kast apuesta por un giro claro hacia una economía más abierta, disciplinada y orientada al crecimiento, marcando distancia con el modelo de mayor intervención estatal impulsado en los últimos años y abriendo una nueva etapa en la política chilena.