El malestar que dejó la encuesta del CD

Por: Eliana Úsuga

Confieso que muchas veces pensé que lo mejor era que María Fernanda Cabal se fuera del partido y recogiera firmas porque sospechaba lo que sucedió. Pero Cabal hizo lo contrario: se quedó. Fue disciplinada. Respetó las reglas, siguió el camino institucional y trabajó como nadie. Apostó por la lealtad, incluso cuando la lealtad no siempre es correspondida.

Y trabajó duro. Porque no existía, ni existe, un equipo de precandidatura como el de María Fernanda Cabal. Organización, disciplina, presencia territorial, convicción, militancia.  Por eso resulta tan difícil de creer que haya perdido en regiones donde su fuerza era evidente y su estructura sólida.

Aquí no se trata de atacar a Paloma Valencia. No tengo nada contra ella. El punto es otro: María Fernanda Cabal era la que se merecía ganar. Por coherencia, por respaldo, por carácter y por trabajo. Cuando quien más se esfuerza y mejor representa unas ideas no resulta elegida, es legítimo preguntarse si el proceso realmente midió lo que decía medir.

Desde el inicio, Cabal representó con claridad algo que hoy muchos militantes y simpatizantes reclaman: coherencia ideológica. En un país donde la derecha suele pedir disculpas por existir, ella nunca lo hizo. No moderó su discurso para encajar, no se movió al “centro” por cálculo electoral y no renegó de sus convicciones. Eso, lejos de ser un defecto, era su mayor fortaleza. En el fondo creo que no le dieron el aval como candidata del Centro Democrático porque ella no encaja en la comodidad del centro. Cabal es derecha sin complejos.

María Fernanda Cabal hizo la tarea. Recorrió el país, construyó equipo, consolidó una base sólida y despertó entusiasmo real. No el entusiasmo de escritorio, sino el de la militancia, el de quienes se sienten huérfanos de una derecha firme, sin complejos y sin ambigüedades. Por eso resulta difícil de entender que haya perdido en regiones donde su respaldo era evidente.

Estoy convencida de que el camino político de María Fernanda Cabal apenas comienza porque los liderazgos auténticos no se construyen en una sola contienda y las ideas claras, tarde o temprano, encuentran su lugar. Le arrebataron una candidatura, no una causa. Y cuando hay causa, hay futuro. Hay Cabal para rato.