Un mono ardilla, una especie amazónica que no habita de forma natural en el Valle de Aburrá, fue rescatado por la Policía Ambiental y puesto bajo custodia del Área Metropolitana del Valle de Aburrá tras ser víctima del tráfico ilegal de fauna silvestre. Sin embargo, las secuelas físicas y de comportamiento sufridas durante su tiempo en cautiverio hacen imposible su retorno a la vida silvestre.
El ejemplar, un macho adulto, ingresó al Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación (CAVR) con signos evidentes de desnutrición, una fractura dental y pérdida de varias piezas dentales, además de alteraciones en su desarrollo óseo atribuibles a una alimentación inadecuada recibida durante su permanencia forzada en cautiverio. Estas condiciones, según los especialistas, sugieren posibles secuelas de enfermedad metabólica ósea, efectos graves del tráfico ilegal que son irreversibles y comprometen su salud a largo plazo.
“El estado físico del mono identifica que ha permanecido en condiciones inadecuadas y que su bienestar está profundamente afectado. Este tipo de especies deben estar en las selvas de nuestra nación, no en cautiverio”, afirmó Alejandro Vásquez Campuzano, subdirector ambiental del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, quien llamó a la comunidad a rechazar y no fomentar el tráfico ilegal de fauna.
Durante las evaluaciones de comportamiento, los profesionales del CAVR registraron que, aunque el animal mantiene movimientos ágiles sobre perchas —característicos de su biología natural— muestra habituación hacia los humanos, vocalizando y buscando contacto con las personas. Esta conducta, que no corresponde al comportamiento silvestre normal, pone en riesgo su bienestar y reduce aún más sus posibilidades de supervivencia en libertad.
Estas condiciones, tanto físicas como conductuales, determinan que el mono ardilla no sea apto para regresar a su entorno natural, ya que su supervivencia en vida silvestre estaría comprometida. Su situación ilustra las consecuencias dramáticas que sufren los animales cuando son extraídos de su hábitat y mantenidos como mascotas o en cautiverio —una práctica tipificada como delito ambiental en Colombia que amenaza seriamente a la biodiversidad local.
El Área Metropolitana del Valle de Aburrá reiteró su llamado a la ciudadanía a no adquirir, poseer ni comercializar fauna silvestre, recordando que estos animales tienen necesidades ecológicas y sociales que no pueden satisfacerse fuera de su entorno natural y que su tenencia ilegal contribuye no solo a su sufrimiento, sino también a la propagación de enfermedades zoonóticas y a la pérdida de biodiversidad.
El mono ardilla permanecerá bajo cuidado especializado, donde los equipos veterinarios y biólogos continuarán monitoreando su salud y bienestar, aunque su vida futura será en cautiverio supervisado y no en libertad, debido a las secuelas que comprometen su capacidad de supervivencia natural