20 de April de 2024 New York
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Pensemos el futuro, participemos en el presente: Planes de Desarrollo

Por Julián Ceballos – Concejal y Consultor Estratégico

Por estos días, nuestros municipios y departamentos están inmersos en un proceso crucial: la elaboración de los planes de desarrollo municipales y departamentales. Sin embargo, pocos conocen a fondo esta herramienta que tiene el poder de transformar las promesas de campaña en acciones concretas para el bienestar de nuestras comunidades.

En esencia, un Plan de Desarrollo Territorial es como el GPS de una ciudad. Es un mapa estratégico que guía nuestras acciones durante los próximos cuatro años. Pero, ¿cómo se crea este mapa? ¿Quiénes participan en su construcción? Y lo más importante, ¿cómo aseguramos que refleje verdaderamente las necesidades de la comunidad?

La participación ciudadana es el corazón de este proceso. Imaginemos que somos exploradores en busca de un tesoro: las ideas y necesidades de nuestra gente. Para encontrarlo, debemos establecer mecanismos de convocatoria focalizada. Es como enviar señales de humo para reunir a todos los interesados.

Una vez reunidos, comenzamos a recopilar datos. Aquí es donde la comunidad comparte sus inquietudes: infraestructura, educación, cultura ciudadana, convivencia, sostenibilidad y más. Cada idea es un pedacito del tesoro. Pero no basta con tener un cofre lleno de monedas; necesitamos un mapa que nos lleve a ellas.

Ahora, imaginemos que somos arquitectos. Tomamos esas ideas y las proyectamos en el tiempo. Si en nuestra ciudad hay muchos huecos y la movilidad es deficiente, no basta con taparlos hoy. Debemos planificar a largo plazo, con bases reales. Así, transformamos los sueños en calles pavimentadas y transporte eficiente.

Los planes de desarrollo se dividen en ejes estratégicos: como los puntos cardinales en un mapa. Cada eje representa un objetivo común. Por ejemplo, el eje de «Infraestructura» nos guía hacia la meta de calles sin huecos. El de «Educación» nos lleva a escuelas de calidad. Y así, trazamos nuestro camino.

Finalmente, llegamos al tesoro más preciado: el presupuesto. Cada territorio destina sus recursos para cumplir con las razones que hacen parte del Plan de Desarrollo. Es como repartir monedas entre los exploradores para que sigan buscando tesoros.

Pero, ¿cómo sabemos que nuestro mapa es preciso? Aquí entra la garantía de datos. Las ideas de una persona en un lugar pueden replicarse en otro. Así, fortalecemos los indicadores que guían nuestras decisiones. Es como comparar brújulas y asegurarnos de que todas apunten al norte.