En el ataque armado que vivió Valdivia en la madrugada de este martes 11 de junio, fue asesinada la joven patrullera de 21 años, María Alejandra Vieda Almario y el perro que por años fue el compañero inseparable de los policías de la estación.
El atentado ocurrió hacia la medianoche, cuando e comenzaron a escucharse ráfagas de fusil. Según las primeras versiones, los responsables serían guerrilleros del ELN que atacaron directamente la estación de Policía, dejando además una bandera del grupo armado y varios artefactos explosivos improvisados, que aún no han sido desactivados.
En el momento del ataque, solo ocho uniformados se encontraban en la estación. Entre ellos estaba María Alejandra, que llevaba apenas tres meses en la institución. Murió junto a la mascota de la estación: un perrito criollo que hace unos siete años fue adoptado por los mismos policías luego de haber deambulado durante mucho tiempo por las calles del pueblo.
El alcalde del municipio, Carlos Molina, expresó su dolor por lo ocurrido y aseguró que la zona urbana llevaba muchos años sin vivir una noche como esta. “A la gente ya se le había olvidado cómo eran estas cosas. Las nuevas generaciones no tienen estas imágenes en la cabeza. Es como volver al pasado”, dijo.
El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, pidió una vez más al Gobierno nacional apoyo militar para reforzar la seguridad en el municipio, sin obtener una respuesta concreta hasta ahora.
Mientras tanto, los explosivos dejados por los atacantes, que estarían a unos 100 metros de la estación, siguen en el lugar esperando la llegada de los técnicos antiexplosivos. Según Molina, todo indica que se trata de granadas artesanales.
El país vuelve a revivir escenas que parecían superadas. Y en Valdivia, además del dolor por la pérdida de una joven policía, se llora también la muerte de un perro que, sin uniforme, fue símbolo de lealtad, compañía y amor silencioso en medio de la guerra.