Por: Pablo Bustamante Builes
Hoy Colombia vuelve a enfrentar una segunda vuelta presidencial. Más polarización, más incertidumbre, más tensión institucional y cientos de miles de millones de pesos adicionales en un país donde todavía hay niños sin alimentación adecuada, familias sin vivienda digna y regiones enteras esperando obras básicas. Y la pregunta incómoda hay que hacerla: ¿Era necesario?
Con el 99.99 % de mesas informadas, las cifras hablan por sí solas. Mientras Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,74 % de los votos, Paloma Valencia logró el 6,92 %. Sumados, llegan al 50.66 %. Sí. Todo indica que Colombia pudo haber ganado en primera vuelta.
Pero otra vez el ego político, la vanidad electoral y la incapacidad de leer el momento histórico pudieron más que el interés superior del país. No se trata de descalificar a Paloma Valencia ni desconocer su liderazgo. Tampoco de irrespetar al presidente Álvaro Uribe Vélez, a quien buena parte del país le reconoce enormes aciertos históricos. Se trata precisamente de exigirles más.
Porque el liderazgo también implica, en ciertas ocaciones, renunciar. La grandeza política no consiste únicamente en competir. A veces consiste en entender cuándo un paso al costado une, fortalece y salva a una causa mayor: La Patria.
Una victoria en primera vuelta no habría sido solo un triunfo electoral. Habría sido un mensaje poderoso de cohesión, certidumbre y estabilidad para Colombia. Los mercados habrían recibido una señal de tranquilidad. La inversión habría respirado confianza. El país habría evitado semanas adicionales de confrontación política.
Y también nos habríamos ahorrado una enorme cantidad de dinero público. Pero no. Otra vez nos toca pagar, literalmente, el costo del ego.
Y hay algo aún más difícil de decir: parte de la responsabilidad histórica de que la izquierda hoy esté tan cerca del poder también proviene de este tipo de errores. Errores de cálculo. Malas decisiones. Apuestas equivocadas.
Porque cuando el país pide unidad y quienes tienen el poder de construirla deciden fragmentarla, ya no estamos ante un simple error político. Estamos ante una responsabilidad histórica. Y sí: se los advertimos. Se los dijimos. Se los imploramos.
Pero no escucharon.
PD. Ojalá este error sea corregido para la segunda vuelta. Que vaticino, no será nada fácil; sobretodo, para cohesionar al centro.
Ya el ego, las vanidades y los cálculos personales le costaron al país una oportunidad histórica de cerrar este capítulo desde la primera vuelta. Colombia necesita grandeza, desprendimiento, trabajo y unidad. Porque esta vez no solo está en juego una elección: está en juego el rumbo del país. Y si fallamos nuevamente, quizá no perdamos una campaña. Perderemos a Colombia