Por: Eliana Úsuga
Si algo ha perfeccionado el presidente Gustavo Petro en su gestión es el arte de esfumarse. Lo hace con tanta frecuencia que podría considerarse un truco de magia digno de un espectáculo internacional. Pero en este caso, no hay aplausos ni ovaciones, solo incertidumbre y un país que se pregunta: ¿dónde está el presidente?
Del 29 al 31 de mayo, mientras 25 presidentes y cancilleres de la región se reunían en Montería para la X Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, Colombia, el país anfitrión, se quedó sin representante. Petro, simplemente, no apareció. Ignorar un encuentro diplomático de esta magnitud no solo es un desplante internacional, sino que también afecta la imagen del país y pone en riesgo acuerdos estratégicos que podrían fortalecer las relaciones con la región.
Solo tres días antes, entre el sábado 24 y el lunes 26 de mayo, tras asistir a la posesión del presidente de Ecuador, Petro también había desaparecido del radar público. No se le vio en ningún acto oficial, no se conocieron imágenes ni se supo nada de su paradero. Solo después, como si se tratara de una novela de suspenso mal contada, trascendió que había estado en una lujosa mansión frente a la playa de Santa Marianita en Manta, Ecuador, una ciudad considerada epicentro del crimen organizado donde grupos criminales se disputan el control de las rutas del narcotráfico. ¿Qué tiene que hacer el presidente de Colombia en una zona como Manta? ¿Con quién se reunió? ¿Por qué fue en secreto? Nadie explicó qué hacía allí, con quién estaba ni por qué.
Antes fue París. Una ausencia que terminó en rumores de salud y en declaraciones preocupantes por parte de su propio canciller, quien mencionó que el presidente tenía un “problema de adicción”.
Petro actúa como si fuera un adolescente que desaparece de fiesta por días, ajeno a la responsabilidad que recae sobre sus hombros. Pero no, no es un joven sin compromisos, es ya casi un adulto mayor y es el presidente de Colombia, y su deber no es con sus placeres ni con sus silencios estratégicos, sino con los colombianos que esperan liderazgo, transparencia y respuestas.
Y mientras tanto, su equipo se esfuerza en decorar el vacío presidencial con frases poéticas como la de Laura Sarabia, quien explica que Petro tiene un corazón caribeño. No, canciller, lo que tiene es un liderazgo ausente.
Todos los colombianos nos preguntamos Si su equipo sabe dónde está, ¿por qué nadie informa al país? ¿Cuáles son las verdaderas razones detrás de sus ausencias prolongadas? ¿Qué compromisos son más importantes que representar a Colombia en reuniones internacionales? ¿Quién toma las decisiones cuando el presidente decide ponerse en modo avión?
Quizás Armando Benedetti, que conoce tan bien los secretos del gobierno, podría darnos una pista.