Ya me decidí. Voy a votar por una IA

Por: Pablo Bustamante Builes

Hace unos días, al caer la tarde, compartía una copa de vino con amigos en el Centro Comercial El Tesoro de Medellín. La conversación iba tranquila hasta que apareció, a propósito de las próximas elecciones presidenciales en Colombia, el tema político.

Uno de ellos tomó la palabra con absoluta seguridad y dijo que estratégicamente había que votar por Paloma Valencia en primera vuelta, ya que al estar acompañada de Juan Daniel Oviedo, arrastraría votos de centro e izquierda y luego le ganaría a Iván Cepeda en segunda vuelta.

Lo escuché unos segundos y, sinceramente, me sentí en un ambiente subnormal. No por la preferencia electoral, no por la estrategia que es razonable, sino por la pequeñez intelectual en la discusión. Otra vez la política reducida a sumas mecánicas, cálculos de miedo y jugadas de ajedrez barato, mientras el país real sigue con los mismos problemas y sin soluciones a la vista.

Le respondí con calma: votaré por Abelardo de la Espriella en primera vuelta porque soy más afín a sus postulados y propuestas. En segunda, votaré por quien enfrente a Cepeda.

Pero al salir me quedó una reflexión más profunda: llevamos años eligiendo líderes de carne y hueso, caudillos de los extremos desde el temor, la rabia o la estrategia, no desde la excelencia. Votamos por el menos malo, por el que bloquea al otro, por el que conviene coyunturalmente. Así, el país no avanza.

Por eso hoy lo digo sin temor ni pena: Si fuera posible votaría por una IA. No porque una máquina deba reemplazar la democracia, sino porque una inteligencia artificial no gobierna con ego, no paga favores, no reparte puestos, no se roba los recursos de la salud, de los niños ni del campo, no improvisa según la encuesta del día. Analiza datos, mide consecuencias, busca eficiencia e innova.

Tal vez por ahora no necesitamos un presidente robot. Tal vez necesitamos gobernantes capaces de decidir con visión, rigor, evidencia y sentido colectivo. Porque el problema, como siempre, es la mentalidad de muchos políticos: inteligencia natural para sus intereses privados. Por eso preferiré a una inteligencia artificial en pro de los intereses colectivos.